Filosofía Hygge: casas que te hacen feliz

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Los países escandinavos, pese a sus condiciones climáticas adversas, suelen estar año tras año entre los primeros puestos de las listas en los que más felices se declaran sus habitantes.

Nuestros vecinos del norte son expertos en cómo mantener esa idílica sensación pese a las circunstancias adversas (inviernos largos y muy, muy fríos, apenas un puñado de horas de sol al día) y gran parte de esa felicidad se la otorgan sus propios hogares, donde, por motivos obvios, transcurre una buena parte de su existencia y a los que los daneses impregnan de toda una filosofía, el Hygge. Y es que no sólo desde oriente se reflexiona sobre cómo conseguir que nuestra casa sea un lugar mejor en el que vivir.

Pero ¿qué es el Hygge?

Hygge, un término que se utiliza desde el siglo XVIII y que no es fácil de definir ya que se trata de un concepto abstracto que no cuenta con un término equivalente en castellano (ni en ningún otro idioma). Conceptos como “acogedor” o “bienestar” son aproximados.

Un acercamiento al Hygge pasaría por crear una atmósfera acogedora y cálida que invite a rodearse de familia y buenos amigos para compartir todas aquellas pequeñas cosas del día a día. Se trata, en buena medida, de prestar más atención a lo cotidiano, localizando sensaciones que normalmente pasan desapercibidas.

El Hygge como seña de identidad danesa

Esta tendencia ha cruzado fronteras a partir de la publicación del que ya es un best seller, , el libro en el que Meik Wiking resume las conclusiones de las pesquisas del Instituto de Investigación sobre la Felicidad. Tan importante es el Hygge en Dinamarca que el propio gobierno ha aprovechado el tirón y la creciente popularidad y ha suscrito una petición ante la UNESCO para declarar el Hyggee Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. ¿Su principal argumento? Una vez más, el potencial para elevar los niveles de felicidad y su poder terapéutico ante las presiones de la vida diaria.

Como dato revelador sobre la extensión y el alcance actual del fenómeno cabe citar que la palabra Hygge ha pasado a formar parte del diccionario británico (tanto del de Oxford como del de Cambridge) al tiempo que lo han hecho otros términos como brexit.

Cómo trasladar la filosofía Hygge a tu hogar

Que en España seamos más afortunados en lo relativo a temperaturas y horas de sol no es inconveniente para aprovechar algunas de estas enseñanzas escandinavas. El Hygge es fácilmente importable a la decoración ya que se relaciona directamente con el ambiente que se recrea: hogares que transmiten paz y tranquilidad, lugares en los que apetece estar y permanecer.

¿Cómo conseguirlo? Pues, tal y como reza el libro, impulsando que sean elementos sencillos los que aporten esa dosis extra de bienestar: luces (aprovechar la luz natural durante el día, encender velas al caer la noche), colores (una paleta neutra o con tonos ligeramente cálidos), texturas (la calidad de los textiles es fundamental) y otros detalles tales como fotografías, plantas o flores. Todo ello sin olvidar la dimensión social del Hygge: familia y amigos. Compartir el Hygge, aseguran en Dinamarca, lo multiplica.

Al final, se trata de encontrar la manera de reconfortarse a través de los objetos y las personas que te rodean: todas estas pequeñas cosas que consiguen que una casa sea el lugar en el que se quiere estar y que, quizá, no sean tan pequeñas…